Nueve años y medio después de que se
publicara el original en inglés de ese informe del gobierno
de Estados Unidos, fueron millones los lectores que tuvieron acceso
a un todavía más angustiado mensaje. Diez años
para salvar el mundo era el titulo del artículo firmado
por Lester R. BROWN, Presidente del Worldwatch Institute de Estados
Unidos, que a finales de 1990 pudieron leer millones de personas
en el primer suplemento de World-Media publicado en Francia por
el diario Liberation, en Alemania por Tageszeitung,
en Italia por La Stampa, en España por El País,
en Austria por Der Standard, en Israel por Haaretz,
en Argentina por La Nación, en Brasil por A Folha
de Sao Paulo y por los semanarios Novedades de Moscú
(Unión Sovietica), Das Magazin (Suiza) y To Vima
(Grecia).
BROWN clamaba allí de esta manera:
" ¿Dónde vamos?. Sabemos que no podemos continuar
destruyendo nuestros sistemas vitales sin pagar un precio por
ello; pero ¿qué precio?. ¿Van a acumularse en
el entorno los productos cancerígenos, multiplicando los
riesgos?. ¿Van a volverse inhabitables ciertas regiones por
el calor provocado por el agravamiento del efecto invernadero,
produciéndose migraciones masivas?. ¿O sobrevendrá
una catástrofe que nosotros no podemos prever?."
Antes de alzar ese angustiado clamor BROWN había desgranado
esta preocupante relación de desgracias:
" Cada año, desde hace ya 20, el Worldwatch Institute
publica un informe anual sobre el estado del mundo, en el que
observamos y analizamos todo lo que vive sobre el planeta. Los
resultados no son tranquilizadores. La degradación se acelera,
a pesar del desarrollo del movimiento ecologista. Es la primera
vez que, en tan sólo 20 años, se ha causado tanto
daño a los recursos y sistemas naturales de los que depende
nuestra civilización. Veamos algunas cifras que resumen
estos dos decenios:
La población ha pasado de 1.600 millones de habitantes
a más de 5.000. Se han talado más de 200 millones
de hectáreas de bosque, tanto como la superficie de Estados
Unidos al oeste del Misisipí. La erosión ha arrastrado
casi 480.000 millones de toneladas de terrenos agrícolas,
más que el conjunto de toda la superficie cultivable de
Estados Unidos. La capa de ozono ha disminuido al menos en un
2%, por lo que la penetración de rayos ultravioletas hasta
la superficie de la tierra ha aumentado en un 4%. Ha aparecido
un pequeño orificio en la capa de ozono sobre el Polo Norte,
lo que se suma al inmenso agujero sobre la Antártida que
se agranda durante la primavera austral. El índice de dióxido
de carbono en la atmósfera ha aumentado en un 9%, el de
los gases que provocan el efecto invernadero, como el metano,
los óxidos de nitrato y los CFC, aumentan aún con
más rapidez.
Añadamos que, en los 80, seis años han batido
el récord de calor. El efecto invernadero no es, por tanto,
tan sólo una hipótesis científica. La contaminación
del aire es muchísimo más grave que hace 20 años.
El nivel de la misma en cientos de ciudades amenaza la salud de
sus habitantes. Respirar el aire de Bombay equivale a fumar 10
cigarrillos al día. El empobrecimiento biológico
de la tierra continúa y se acelera. Australia ha perdido
18 especies de mamíferos de las 200 con que contaba cuando
llegaron los primeros colonos europeos. Otras 40 especies están
amenazadas. Según la Academia de Ciencias polaca, la contaminación
del aire, el agua y el suelo por los vertidos tóxicos y
la disminución de los bosques y los espacios naturales
podrían suponer en Polonia la desaparición del 20%
de la flora y el 15% de la fauna. No obstante, estas pérdidas
importantes parecen mínimas comparadas con la destrucción
por el fuego de la selva amazónica del Brasil. Son miles
de especies vegetales y animales que han desaparecido en el mundo
entero desde 1970.
Estas tendencias se han afirmado e incluso agravado al comienzo
de este decenio. Desde entonces, la deforestación ha aumentado
al menos en un 50%. El nivel máximo de carbono emitido
por la combustión de energías fósiles ha
crecido en 5.800 millones de toneladas. " (BROWN 1990:
86)
Ese artículo del presidente del Worldwatch Institute de Estados Unidos encogía el ánimo. Aterraba simplemente con la mera lectura de sus datos. Sólo unos meses después se divulgaba un estudio científico muchísimo más aterrador.